Escultura
Pintura

Otra cabeza

 

Mi proyecto artístico consiste en cabezas de mujer representadas bi y tridimensionalmente, considerando la cabeza como el lugar donde se instala y se asienta la estructura de pensamiento, y el proceso de cambio que en la actual coyuntura está experimentando el género femenino en relación a su cuerpo, a su imagen, su identidad.

Palabras clave de mi obra:cambio, cabeza, mujer, cuerpo, construcción, género, otredad, ser, libertad, deseo, búsqueda, elección, violencia.

Artistas que me han influenciado con su obra son: Georg Baselitz, Vanessa Beecroft, Anselm Kiefer, Chiharu Shiota. 

Tomando como punto de partida la compleja relación de la mujer con su cuerpo y su imagen, regida por modelos corporales culturales e ideales de belleza según su época, pretendo poner en cuestión esa otra cabeza femenina, producto de un largo proceso en el que la actual perspectiva de género está cuestionando lo femenino y lo masculino en un sentido más amplio. Este “cambio de cabeza” es individual, pero también colectivo y se da en el contexto de masivas movilizaciones por los derechos de las mujeres en todo el mundo. 

Es en la cabeza donde se asientan las construcciones ideológicas y las subjetividades que se manifiestan en nuestro cuerpo, imagen e identidad. Allí se instalan, habitan y coexisten esas construcciones discursivas de las que la mujer es sujeto y objeto. Allí también aparece la idea de sí misma de la mujer, los límites, el no lugar en el mundo de la otredad. 

En la subjetividad femenina, la sociedad patriarcal ha sido tirana con respecto al cuerpo de la mujer. El cuerpo ha estado siempre al servicio del otro, desde las condiciones biológicas que le permiten dar vida y amamantar, hasta los mandatos sociales y culturales que le asignan las tareas domésticas en las que involucra su cuerpo como cocinar, lavar y servir. 

También el cuerpo ha tenido que gustar y para ello la mujer ha tenido que verse continuamente en el espejo, porque el espejo es la mirada del otro, ese a quien ha tenido que satisfacer, gustándole.

Los mensajes sexistas de los medios de comunicación y la publicidad, casi siempre dirigidos a la mujer, han impuesto una imagen idealizada de lo femenino, irreal e inalcanzable hasta lo violento, determinando roles sociales y sexuales estereotipados, hasta valores que afectan la autoestima y la propia imagen corporal. ¿Cómo ha operado este dispositivo cultural en el interior de la mujer? ¿Qué herramientas ha tenido que utilizar para que su imagen sea la esperada por la sociedad?. 

Sobre la vestimenta, que cree que ha sido uno de los elementos determinantes en la construcción de la mujer para la otredad. Es una gran metáfora de lo somos, lo que queremos ser o lo que quieren los demás.

El vestir en sí mismo es un hecho social que permite un discurso estético y una clasificación social de los cuerpos generizados y de identidades, que pueden ser visibilizadas y legitimadas o no, es ahí donde se producen las otredades y diferencias. En tanto, la ropa como agente que interviene en la formación de la imagen, es indicador de clase, oficio, edad, etc. Es también regulador de conductas sociales, ya que hay un qué y cuándo ponerse determinada vestimenta y es este el punto tal vez más vulnerable, donde la mujer que rompe esta norma es plausible de ser juzgada moralmente o más aun, violentada. La sociedad ha justificado la violencia con frases como: ‘…también con la pollerita que se había puesto…’. 

La moda ha sido también, un fenómeno cultural muy eficaz para vehiculizar las imposiciones de estereotipos y modelos sociales. La ropa es un elemento que la mujer manipula en la búsqueda de la idea del cuerpo perfecto, de los estereotipos y convenciones estéticas legitimadas por la sociedad.  ‘El negro disimula’, las rayas horizontales engordan’, ‘los tacos estilizan’…

En El vestido habla, un Nicola Squicciarino, un pensador que me interesa mucho, se refiere al vestido como un elemento portador de un lenguaje de signos cargado de simbolismo, donde se produce una comunicación no verbal sino visual. “La sociedad le otorga cada vez más relevancia a la imagen, por lo cual la indumentaria adquiere una concentración simbólica muy importante”, dice.

El elemento retórico del trabajo que desarrollo en el presente es la cabeza femenina, entendiendo la cabeza como metáfora de lugar, receptáculo, contenedor, donde se instalan estos procesos anteriormente mencionados. 

Desde el punto de vista formal, la cabeza es figura y operación retórica, la parte por el todo, la acumulación, el cambio de escala, la metáfora de construcción con los elementos de hierro que atraviesan la obra, representando cabezas atravesadas por las construcciones sociales y culturales.

El óxido presente en los materiales que uso, son mi metáfora del tiempo, de la edad, del reloj biológico, los ciclos de la vida. 

La obra Retazos, consta de un patchwork de telas diversas en el que cada retazo es una imagen que refiere a la subjetividad femenina. La técnica es collage, pintura, bordado y costura. La operación de lenguaje visual es la acumulación. El concepto que intenta transmitir visualmente con un patchwork es la fuerza que produce la unión de las mujeres, hoy felizmente nombrada ‘sororidad’, en pos de lograr igualdad de derechos, unión manifestada en los colectivos de mujeres que en la actualidad se movilizan y unen en todo el mundo. Esa fuerza que produce la unión, da como resultado el empoderamiento femenino. 

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